Hay veces que nos encontramos en la práctica con alumnos que prefieren una enseñanza categorizada como tradicional, en la que el maestro traza los contenidos, las normas y las pautas de actuación, que no tienen interés por aprender y que se comportan de modo apático en el aula. Esto se debe a dos causas:
- "en este contexto, la actividad de los alumnos se limita a seguir las directrices previamente marcadas por el docente por lo que su responsabilidad y esfuerzo se reduce".
- "hasta este momento, por lo general se han formado y acostumbrado a trabajar en un sistema educativo en el que su posibilidad de participación es mínima y la enseñanza centrada en el alumno supone un profundo cambio en el nivel de trabajo y actividad".
A esto se le suma la actitud del profesor ante la de sus alumnos, cuando piensa que no están capacitados, que solo les interesa la obtención del "aprobado" y que no valoran el aprendizaje.
Por consiguiente, hay que motivar y involucrar a los alumnos desde un principio y enseñarles el arte del aprender y la satisfacción que este produce. " Y, obviamente, los alumnos asumirán una mayor responsabilidad y autonomía en su aprendizaje, si el profesor les guía y orienta durante el proceso". Si el profesor es positivo ante sus alumnos y hace que piensen que pueden mejorar, los alumnos se sentirán más confiados, aceptados y motivados.

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