Al empezar nuestra carrera como docentes, lo hacemos con unos ideales preconcebidos de nuestra experiencia escolar, como alumnos, lo que va a condicionar nuestra forma de ejercer como profesionales. En un principio puede servir, pero los tiempos cambian y no podemos quedarnos en el pasado, tenemos que seguir y adaptarnos.
Es bueno contrastar nuestras ideas, reflexionadas con antelación, con compañeros para debatir sobre ello y escuchar otras opiniones. Esta reflexión deberá centrarse tanto en los aspectos didácticos como en las creencias personales que influyen en las decisiones que se toman en el aula.
Es muy común que un profesor crea e, incluso, esté convencido de llevar a cabo lo que quiere, aunque esto no suele ocurrir así. Esto se debe a que no se piensa realmente en cómo se va a llevar a la práctica ni las consecuencias que ello acarrea, ya que no se contrasta con la realidad.
En definitiva, "los saberes experienciales del docente profesional se deriva en gran parte de preconcepciones de la enseñanza y del aprendizaje heredados de la historia escolar" (Tardiff, 2004, p. 54).

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